lunes, 19 de diciembre de 2016

LA FABELA COMO REDENCIÓN



Otro amigo europeo, esta vez irlandés muestra una foto de su viaje a Brasil, y no muestra una foto en Copacabana, o en una playa de Rio o en el Sambodromo, sino que como fondo de la foto tiene un barrio (Fabela, le dicen en Brasil) y nos da esta recomendación: “Surreal experience in the Rocinha favela. Would highly recommend Favela Adventures for a true and authentic guide.”.  No es el primero.

Hace algunos años cuando vivía en España, conocí a una chica española, la cual se fue a África, específicamente a Mali. Mostrando fotos de su viaje, se veía un pueblo (por llamarlo de alguna manera) donde las calles eran de tierra, y ella estaba sonriente, así como sus anfitrionas amigas africanas lavando la ropa a mano.

En 2009, conocí a un grupo de 4 alemanas de unos 20 años de edad, en una discoteca de salsa de Madrid, hablaban en castellano con un acento rarísimo, tan raro que les dije, “miren mejor hablamos en inglés porque casi no les entiendo en español”, habían vivido en una isla de Chile y allí habían aprendido. Una de las cosas que me dijeron fue “tenían sólo una hoya para cocinar y sin embargo eran gente tan feliz”.  Par de años después, un compañero de trabajo se fue de vacaciones a La Habana, “cumpliendo un sueño” según él. Hace tres años conocí a una española aquí en Dublín, que se iba a vivir (y se fue) a un pueblo cuyo nombre no recuerdo, pero está en la frontera entre Argentina y Chile, cuando le pregunte por que se iba para ese monte, su respuesta no pudo ser más sincera “siento que ayudo más, estando allá”.

En definitiva, pareciera que el joven europeo siente que tiene una culpa por la pobreza en otras partes del mundo y el hecho de hacer turismo de la pobreza lo hace sentir redimido de dicha culpa.


Antonio Escohotado en Los Enemigos del Comercio I, menciona lo siguiente:

“La idea del paraíso no es separable de que la vida práctica pueda parecer un infierno, y creer en ella ha demostrado ser una demanda lo bastante elástica como para que la caída pueda atribuirse unas veces a ley divina y otras a la ley humana. En ambos casos una angustia difusa y concretada sostiene el anhelo de otra realidad, cuya aparición solo exige una sincera renuncia a la efectiva. […].

No hay por ello exageración o sarcasmo al afirmar que -tanto en sus formas clericales como ateas- la causa comunista percibe en el presente la maldición derivada de cierto error original específico, que una vez subsanado erradicará en todo o en buena parte la inhospitalidad del medio físico. Para alcanzar esa meta hay un procedimiento común, que consiste en fundir descontentos heterogéneos: <<Bienaventurados los pobres de espíritu, los humildes y afligidos>> (Mateo 5:3-5 y Lucas 6:20-23)”

De nada parece valer, los millones de africanos y latinoamericanos que hoy viven en Europa, muestra irrefutable de lo que en economía se llama “preferencia manifiesta”. La gente no quiere vivir en la pobreza.

Y es que el capitalismo tiene peor consideración y no por casualidad, en los países que precisamente disfrutan de la riqueza generada por dicho sistema. El socialismo en cambio es mejor visto por aquellos que nunca lo han padecido.

Ignora el europeo burgués, cabe destacar que todos los que he mencionado en mis ejemplos son burgueses, es decir, de ciudad, que en un rancho (o chabola como dicen en España) bien sea en Brasil, en Venezuela, en Guatemala o El Salvador, literalmente no sabes cuantas horas al día de agua potable tendrás, no sabes si cuando la policía entra a buscar a los delincuentes te matarán un familiar por “error”. No saben los europeos, que tienes que cargar con la bombona de gas hasta la calle real y vuelta de nuevo a al rancho caminando porque los camiones no tienen acceso a la montaña. Porque una cosa es ser turista de la pobreza y otra es vivir en ella.