martes, 25 de octubre de 2016

Burgueses materiales, socialistas culturales


Responde Fernando Díaz Villanueva a la pregunta ¿Por qué defiendes el liberalismo? Con la siguiente frase “porque nací pobre”.

Efectivamente, en los últimos tres años desde que emigre de España, he vivido en Irlanda y en Grecia; y si clasifico a las personas con quienes más he tratado temas económicos y políticos por su nacionalidad, los españoles llevan una gran ventaja. Uno de los rasgos que se repite con más frecuencia, es su mentalidad anticapitalista y su anhelo de aumentar el control político sobre la economía, es decir, anhelo de socialismo.  

Jóvenes de entre 20 y 25 años que jamás han pisado una fábrica y jamás han trabajado en un día más de diez horas, me hablan de la “teoría de la explotación”; chicas que nunca han padecido una Ley que las discrimine por ser mujeres me hablan del “Estado Patriarcal”; gente a la que nunca en su vida le ha faltado agua potable, electricidad, educación y salud públicas (es decir, pagada por otro), comida o vestido me hablan de pobreza.

Mis compatriotas burgueses hablan como vanguardia proletaria, porque “hay que buscar la igualdad” o porque “hay que ser solidario”. Hoy, como a lo largo de la historia, el socialismo no viene del “pueblo”, eso que eufemísticamente los políticos llaman los humildes o desfavorecidos, como siempre, el socialismo viene desde niños ricos que quieren que toda la sociedad viva como ellos viven, y quieren obligar a los demás a vivir así por la fuerza, en este caso, la fuerza del Estado.

La hegemonía cultural

Desde Robert Owen pasando por Friederich Engel y Karl Marx, siguiendo por dictadores como Pol Pot quien estudió en Francia antes de tomar el poder en Camboya, terminando en Pablo Iglesias el espíritu del socialismo se incuba en las universidades de la burguesía

Se enseña que todos tenemos derecho a: una vivienda digna, no cualquier vivienda, sino una digna; tenemos derecho a la educación, a la salud, a pensiones (dignas también claro está), a un trabajo, adivine como… digno, por supuesto y evidentemente a una “ayuda” cuando este desempleado. Pero lo que no se enseña es que para que el Estado provea tanta dignidad, debe primero expropiar la riqueza producida por la sociedad civil para luego repartirla como al político de turno le venga en gana.

No solo las universidades forman esta opinión generalizada, sino que los medios de comunicación se suman al “consenso socialdemócrata” como lo llama Almudena Negro. Nadie desde los medios de comunicación plantea privatizar las escuelas o las universidades, nadie plantea hacer lo propio con los hospitales, nadie plantea la eliminación del salario mínimo, mucho menos la eliminación del subsidio de desempleo.

Solamente existen dos tipos de socialistas felices, aquellos que forman parte del gobierno y aquellos que no viven en un país socialista. Ambos grupos han logrado a través del uso del sistema educativo secuestrado por el Estado, mediante la estrategia de la repetición, que el mensaje de sumisión al Estado se instale y reproduzca como cáncer en metástasis por toda la sociedad civil, alcanzando la hegemonía cultural.

Por eso, estos burgueses “materiales” como diría Marx, son socialistas culturales.