viernes, 5 de agosto de 2016

El juicio que nos debe la historia


Después de la caída del muro de Berlín y sobre todo de la extinción de la URSS, aparecieron una serie de intelectuales a bramar el fracaso del comunismo y por consiguiente, el triunfo de la democracia liberal. Uno de esos intelectuales fue Francis Fukuyama con su libro  El fin de la Historia y el último hombre de 1992.

Según Fukuyama,  la historia humana es una lucha entre ideologías, la caída del muro representa la finalización de esa lucha. Demuestra que la única opción viable es el liberalismo democrático, constituyendo así, el llamado “pensamiento único”, que tanto mencionaba el Expresidente de Venezuela Hugo Chávez, que postula que las ideologías ya no son necesarias ya que estas han sido sustituidas por la Economía.  Se inicia entonces la era de la supremacía de la economía de libre mercado  (y la política respectiva que impide su curso) y el futuro de la humanidad vendría dado por los avances científico-tecnológicos.

Así, el Comunismo/socialismo había perdido empíricamente, este parecía ser el último de su largo historial de fracasos. Pero a diferencia de los Nazis que habían tenido su juicio ante la historia, casi medio siglo antes, El Comunismo nunca tuvo el suyo. Es por esto (porque los nazis fueron quienes perdieron la guerra) que es imposible a día de hoy que alguien lleve puesta una camisa con la cara de Mussolini o una gorra con la esvástica; pero si puede verlos portando  camisas con la cara del Che Guevara, Lenin o Stalin o bien con una gorra que muestre la Hoz y el martillo. Todo esto, a pesar de que el Nazismo mató un número de entre 11 y 15 millones de personas; y sin embargo el Comunismo mató 100 millones.

Desde la tesis de Fukuyama han transcurrido 24 años y el citado economista no contaba con la inteligencia de la izquierda para adaptarse a los nuevos tiempos. La extinción de la URSS, Yugoslavia y todo el comunismo eliminó a su vez la posibilidad de rechazo por asociación para que una Nueva Izquierda (para utilizar nomenclatura de Agustín Laje y Nicolás Márquez) cabalgue a sus anchas por todo occidente.

Recuerdo que en la década de los 80s cuando estaba muy en auge la persecución a narcotraficantes colombianos y mexicanos, que varios de estos se sometían a cirugía estética para transformar su rostro y así evadir a la justicia. La izquierda (desarmada desde el punto de vista económico), socialistas de toda la vida, han hecho lo mismo, y ahora defiende causas que la izquierda tradicional despreciaban, han tomado como bandera la defensa de lo que ellos llaman “minorías”, por ejemplo, “los derechos LGTBI” cuando el Che Guevara, tenia como uno de los grupos preferidos para matar o  enviar a su campo de concentración en Cuba, a los homosexuales. Pero no sólo los LGTBI, también el feminismo, cuando si algo logró el feminismo fue siempre inspirado en ideas liberales desde la ilustración  (claro ese fue el feminismo de primera y segunda ola, ahora lo que tenemos es el de tercera ola, pero eso es tema de otro artículo que ya traté aquí), otra bandera es la del ecologismo, siendo hecho verídico que las peores tragedias ambientales han sido realizadas por el comunismo como Chernóbil y el Mar de Aral.

Más curioso aún es llamarse defensor de las minorías cuando uno de sus rasgos más característicos como ideología de la Nueva Izquierda (y de la vieja también) es la colectivización  de todo ámbito de la vida humana, siendo el individuo la minoría más pequeña, quien no defienda la soberanía y derechos del individuo sobre la masa no puede llamarse defensor de las minorías.

Mientras tanto, otros seguiremos recordando los hechos históricos, identificando al prófugo así se opere el rostro mil veces, porque la nueva izquierda tiene los mismos fines de la antigua. Esperemos celebrar el juicio que nos debe la historia.