jueves, 16 de junio de 2016

Carta abierta a los españoles


La primera vez que pise España, fue en noviembre de 2004. Estuve en Madrid durante una semana y una de las primeras cosas que le dije a mi familia al regresar a Caracas fue “me voy y no regreso”. Así comencé a idear un plan que dio sus frutos en febrero de 2008.

España es un país inmensamente rico culturalmente, su gastronomía, sus fiestas de pueblo, hasta hablan diferentes idiomas por ciudad. Toda una delicia para cualquier amante de la sociología. Todo lo que veía en España era buena (salvo excepciones), hasta que comencé a enterarme de la política. Cosa que me fue inevitable ya que llegue justo en el estallido de la crisis subprime, además de las discusiones sobre la situación venezolana con mis compañeros venezolanos que habían llegado a España de la misma forma que yo (traídos por una empresa española).
Empecé a familiarizarme con cosas como los ERE de Andalucía, el despilfarro del Plan E, los aeropuertos sin aviones y las autopistas sin carros (coches, se dice en España). Luego vinieron las tarjetas black, los Barcenas, los Puyol, la trama gurtel, en fin, la corrupción generalizada, la inmoralidad como práctica política, el uso del Estado como agencia de colocación de los amigos del Partido y pare usted de contar.

Según la vox populi, España estaba “rota”, se fueron inventando conceptos como “niños que no pueden comer”, cuando España tiene un problema de obesidad infantil, o “la gente no puede pagar la luz y las eléctricas se están llenando”, cuando el recibo de electricidad tiene más de la mitad de su precio en impuestos.

La opinión pública era cada vez más negativa: el derrotismo en la población, el amarillismo de los medios de comunicación, lo que yo llamaría “el país de discurso”, no era el mismo país que yo veía, obvio, viniendo de Venezuela, cualquier país medianamente normal es un paraíso. Lo cierto es que poco a poco España se me parecía cada vez más a mí país natal 20 años antes. En definitiva, se formó lo que en Venezuela conocimos como “la antipolítica”, es decir, la aversión a los políticos.

Mientras tanto, el desempleo crecía a índices históricos (luego se encargaría el rajoyato de hacer que los impuestos crecieran en la misma forma). Recuerdo especialmente un hito que fue el que me reafirmo la idea de “España es hoy, la Venezuela de los 90s”, y fue el rescate a la banca. Ya que en Venezuela se hizo lo mismo en 1994.
Por todo lo anterior, entiendo la frustración y rabia que debes sentir como español trabajador y de bien que eres. Qué el país necesita un cambio político, evidente; qué es necesario mejorar la economía, evidente. Que hay mucha gente que la pasa, que la paso y la sigue pasando mal, evidente. Pero aún España sigue siendo un país donde siguen llegando día a día cientos de venezolanos huyendo del socialismo.

Cuando dicen “España no es Venezuela”, yo digo, “no todavía”. La gente no se muere por falta de medicinas, o hace colas para comprar comida, o es asesinada a tiros para robarle el coche, ni mucho menos secuestrada. Esto no es ni de lejos una defensa de PP y PSOE, de hecho, creo que quien vote por PP o PSOE es antipatriótica o masoquista.


Otra frase, muy repetida por mis compatriotas españoles, es “no podemos estar peor”, te equivocas si piensas así. SIEMPRE se puede estar peor. Los agentes del “cambio” se pasaron años trabajando en la edificación del socialismo del XXI implantado hoy en Venezuela, uno de ellos tuvo despacho en el propio palacio de gobierno en Caracas. Algunos han salido en medios del gobierno venezolano. En las concentraciones políticas de venezolanos en España han llegado partidarios de estos agentes con el grito “viva Chávez”. En 1998 no había youtube, el venezolano podría tener eso como excusa, pero tú no podrás.

No funcionó en Bolivia, ni en Argentina, ni en Nicaragua, ni en Brasil. No permitas un intento más, esta vez en España, tu no. Las ideas son las mismas, las motivaciones son las mismas, las consecuencias serán las mismas; evidentemente puede variar la velocidad, pero el destino es el mismo. ¿Quieres ver a los ciudadanos mendigando medicinas a quienes viven en el exterior?, ¿Quieres hacer filas y pelearte por comida? Permíteme cambiar la comparativa para que no me acusen de “fijación con Venezuela”, aunque son otros los que tienen esa fijación, tanta que hasta dinero de ese gobierno han recibido. No ha funcionado en Grecia.

A la hora de decidir el voto, la decisión se divide entre políticos que quieren más poder para el Estado o más poder para los individuos; es decir, más sociedad política o más sociedad civil. La riqueza la debe tener quien la produce, no el gobierno. Tu eres el que debe ser capaz de tener un trabajo u oficio que te permita vivir dignamente y alcanzar tus metas en tu vida, un trabajo u oficio que te permita labrar tu propio destino; no el Estado para que el burócrata de turno te provea una vivienda “porque es un derecho”, o te provea de calefacción gratis. La situación del país es mala y necesitamos un cambio, pero como dije antes, o se quiere más Estado o se quiere más libertad.

Con todo cariño y aprecio de un venezolano que nunca creyó eso de que en Cuba había cartillas de razonamiento, que siempre pensó que el problema no era el Estado sino los políticos de turno y con solo cambiarlos bastaría. Un venezolano que se burlaba cuando exiliados europeos le hablaban de Mussolini.

Yo creí en el Estado, creí en la promesa de un país más igualitario (eso sí se logró, ahora son todos bastante iguales de pobres). Yo creí, no lo hagas tú, por favor, tú no.


jueves, 9 de junio de 2016

El PP: Socialismo de derecha.

Este fin de semana en días sucesivos dos amigas españolas se enteraron de que yo comparto su nacionalidad. Inmediatamente enterarse, ambas preguntaron: ¿Por quién vas a votar? Casualmente ambas son potenciales votantes de PODEMOS.
Quien conoce mis ideas políticas sabrá que yo no voto. Y mucho menos en países donde no hay democracia como es el caso de España. Así que me permito cambiar la pregunta a “¿si tu votaras, por quién lo harías?”.

Comenzaré con este, una serie de artículos, dedicados a cada partido político.

El PP: Socialismo de derecha.

El PP, es lo que el español medio llama “de derechas”, otros incluso lo llaman “liberal”. Esta denominación obedece más a acontecimientos históricos y/o prejuicios ideológicos que a la realidad fáctica.

Si vamos al discurso, encontramos que en el XVI Congreso del partido en el 2008, Mariano Rajoy invito a los conservadores y los liberales a irse a los partidos respectivos con esa ideología. Es decir, explícitamente, en un congreso nacional, el Presidente del partido ha dicho que liberales y conservadores se fueran como puede verse en este video (min 1:03).

Pero como a todo político no se le puede creer lo que dice, vamos a la práctica. La legislatura de Mariano Rajoy ha sido la de mayor subida de impuestos en la historia española. Desafortunadamente, no solo la política fiscal ha sido objeto del socialismo del PP; sino todo el modelo político y social.

Va en contra del liberalismo el rescate de entidades financieras con dinero estatal. No hay nada de liberal en aumentar el gasto público, ni en aumentar la deuda. En definitiva, el PP incumplió descaradamente su programa electoral y esto lo hizo el PP con mayoría absoluta en el Congreso.

En el año 2011 cuando el PP ganó la mayoría absoluta, se le hizo para solventar principalmente dos problemas: El desempleo y la corrupción generalizada. Ninguno de los dos los solucionó, por lo menos de forma apreciable. Más bien lo que hicieron fue mantener el tinglado político absurdo de despilfarro, mamandurrias y agencia de colocación que es el Estado.

Volviendo a las ideologías, la derecha y la izquierda, o como me gusta decir a mí, el liberalismo y el estatismo, se diferencian principalmente porque el primero se afinca más en la iniciativa privada y el emprendimiento que en el Estado y los planes gubernamentales como el Plan E de Zapatero.

Por lo cual, tanto en discurso como en acción, que quede claro, que el PP no es liberal.  Pero si la gente sigue queriendo llamarlo de derecha, pues será Socialista de derecha.

 Resumiendo, un partido que incumple su programa, que no resuelve los problemas para los que se les voto, y con ideología de izquierda, no recibirá mi voto.