sábado, 9 de abril de 2016

Acerca de los linchamientos en Venezuela

Según F. Oppenheimer, El Estado "es la institución social impuesta por el grupo victorioso al derrotado, con el propósito de regular su dominio y de agruparse contra la rebelión interna y los ataques del exterior." Por su parte, Max Weber define al Estado como “la coacción legítima y específica. Es la fuerza bruta legitimada como "última ratio", que mantiene el monopolio de la violencia.”. En definitiva, El Estado es la organización que ostenta el monopolio de la violencia legal en un territorio. Su característica distintiva de otras organizaciones es que puede obligar a los ciudadanos residentes de dicho territorio a pagar por los servicios/productos que él ofrezca.

Así, mediante el uso de la fuerza o la amenaza, El Estado obliga a pagar por servicios como “salud”, “educación”, o “pensiones”; así el ciudadano no quiera el servicio o no lo utilice. Lo anterior, es la característica principal del Estado ya que ninguna empresa u organización puede obligarme a pagar por sus productos, nadie admitiría como legítimo que Apple nos obligara con funcionarios policiales de la propia Apple a pagar impuestos mensualmente para que sigan fabricando iPhones, independientemente de que tengamos o no ese producto. Es el mismo comportamiento de la mafia.


¿Para qué queremos un Estado?

Si el Estado ostenta el monopolio de la violencia, la pregunta que me surge es. ¿Para qué queremos al Estado? Una respuesta intuitiva sería: para resolver los conflictos donde solo el uso de la violencia es el medio para llegar a la solución, por ejemplo, la violación de derechos: el robo, el asesinato, el fraude, la agresión. Todos los anteriores son delitos estipulados en cualquier código civil y su castigo por parte del Estado es lo que muchos llaman “justicia”.

Establezcamos entonces que el único ente en una sociedad con Estado, que puede ejercer violencia sobre otros es el Estado, si lo hace un ciudadano, el Estado está en la obligación de castigarlo. Para ello, el Estado debe establecer mecanismos para encargarse de impartir los servicios de Justicia, Defensa territorial (Fuerzas Armadas) y defensa de derechos ciudadanos (Fuerzas policiales). Decía Adam Smith en la Riqueza de las naciones lo siguiente: 
“de acuerdo con el sistema de libertad natural, el gobernante de un Estado, solo tiene tres tipos de asuntos que atender, […]: Primero, la tarea de proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades. Segundo, la tarea de proteger a todo miembro de la sociedad de la injusticia o la opresión de todos los demás miembros de la misma. Tercero, la tarea de construir y mantener ciertas obras e instituciones públicas que ningún individuo o grupo de individuos tendría interés en construir y mantener porque su rentabilidad nunca le permitiría recuperar la inversión”

Así pues, las funciones naturales del Estado, serían Seguridad y Justicia. Añadiendo aquellas que soportan el funcionamiento del Estado como La política exterior y las infraestructuras funcionales.

El Estado expandido

Evidentemente, no hay ningún país con un Estado limitado a las funciones que acabo de enumerar, en ese sentido todo país tiene un “Estado expandido”, entendiéndolo como aquel Estado que se encarga de más funciones que las funciones naturales.

¿Pero qué consecuencias trae la expansión del Estado? Es decir, ¿qué importancia tiene si el Estado se encarga de más o menos cosas de las que debería? ¿Por qué no dejar que el Estado nos proporcione alimentación, servicio de agua, electricidad, construcción de carreteras, vivienda, educación, pensiones, y tantas otras necesidades sociales?

La expansión del Estado trae consecuencias económicas, políticas y sociales pero las consecuencias económicas de los impuestos están fuera del alcance de este artículo. Por lo tanto, iré directo a las políticas y sociales.

A medida que el Estado se va expandiendo, se va convirtiendo es más ineficiente. Tratando de abarcar más funciones, lo que hace es descuidar sus funciones naturales. Como ya he dicho el Estado es violencia y todo lo que hace, lo hace bajo amenaza de su uso contra los ciudadanos. Así, los ciudadanos van mimetizándose con la concepción de que la solución a los problemas es la violencia.

Por esto, la ciudadanía se va envileciendo cada vez más, porque lo peor  del socialismo no es el empobrecimiento material que causa, eso se arregla con capitalismo en menos de una generación. Lo peor, es la destrucción de las bases morales de la sociedad.

Su expansión funcional, acarrea expansión física, se necesitan más edificios, más funcionarios y por ende más dinero; por lo cual, el caldo de cultivo para la corrupción se va acrecentando, se hace más difícil la fiscalización de la función pública y del dinero público.

Lo anterior, propicia la impunidad, debido a que El Estado se hace incapaz de castigar a sus propios miembros que comenten actos de corrupción. Se dispara la delincuencia, se deterioran los servicios proporcionados por el Estado, a su vez que se deterioran los privados ya que la sociedad civil se descapitaliza porque su dinero es extraído para mantener toda la maquinaria estatal.

Cuando el Estado falla en sus funciones, la sociedad civil trata de inventar mecanismos para suplir las carencias, así cuando hay apagones la gente usa velas, si el servicio de agua potable se interrumpe la población recolecta agua en recipientes, cuando hay inseguridad la gente está más precavida, no utiliza joyas, trata de no salir de noche o llegar temprano a su casa.

Pero si no toman correctivos, la situación sigue empeorando, no hay fondo, siempre se puede estar peor, y es cuando se implantan medidas extremas, en el caso de la delincuencia los linchamientos. No solo quedando allí, si no que ahora la moda es quemar vivos a los presuntos delincuentes.

Entonces como mecanismo de sustitución de las funciones del Estado, los linchamientos no son más que la ilusión de justicia.

El debido proceso como garante de justicia.

El acceso a un proceso judicial que garantice el respeto de las personas es y ha sido uno de los mayores logros de la civilización. El derecho a la defensa, la presunción de inocencia son factores que todo acto de justicia debe poseer. Es evidente que un linchamiento no es Justo.
Más bien, un linchamiento, además de no persuadir a los delincuentes más peligrosos de la sociedad, pues esos tienen armas de fuego y además no se exponen a situaciones donde pueden ser apresados por multitudes, propicia la violencia, la tortura y socava las bases morales de la civilización.

Un argumento para linchar es “si el Estado no hace nada, nosotros tenemos que castigar a los delincuentes”. El problema con este argumento es que, si eso es así, le estamos dando el argumento al presunto delincuente para que diga “”si el Estado no me defiende de la gente yo tengo el derecho para hacerlo” y así todos se creerán con la potestad de impartir lo que cada uno crea que es justicia en cada momento.

Es responsabilidad de todos los que queremos vivir en un mundo civilizado, rechazar las ideas y actos equivocados. Recuerdo las palabras del capitán John H. Miller (Tom Hanks) en la película Rescatando al soldado Ryan cuando uno de sus subalternos le pregunta porque deja libre a un prisionero en vez de matarlo “porque con cada hombre que mato, me siento más lejos de casa”.