lunes, 19 de diciembre de 2016

LA FABELA COMO REDENCIÓN



Otro amigo europeo, esta vez irlandés muestra una foto de su viaje a Brasil, y no muestra una foto en Copacabana, o en una playa de Rio o en el Sambodromo, sino que como fondo de la foto tiene un barrio (Fabela, le dicen en Brasil) y nos da esta recomendación: “Surreal experience in the Rocinha favela. Would highly recommend Favela Adventures for a true and authentic guide.”.  No es el primero.

Hace algunos años cuando vivía en España, conocí a una chica española, la cual se fue a África, específicamente a Mali. Mostrando fotos de su viaje, se veía un pueblo (por llamarlo de alguna manera) donde las calles eran de tierra, y ella estaba sonriente, así como sus anfitrionas amigas africanas lavando la ropa a mano.

En 2009, conocí a un grupo de 4 alemanas de unos 20 años de edad, en una discoteca de salsa de Madrid, hablaban en castellano con un acento rarísimo, tan raro que les dije, “miren mejor hablamos en inglés porque casi no les entiendo en español”, habían vivido en una isla de Chile y allí habían aprendido. Una de las cosas que me dijeron fue “tenían sólo una hoya para cocinar y sin embargo eran gente tan feliz”.  Par de años después, un compañero de trabajo se fue de vacaciones a La Habana, “cumpliendo un sueño” según él. Hace tres años conocí a una española aquí en Dublín, que se iba a vivir (y se fue) a un pueblo cuyo nombre no recuerdo, pero está en la frontera entre Argentina y Chile, cuando le pregunte por que se iba para ese monte, su respuesta no pudo ser más sincera “siento que ayudo más, estando allá”.

En definitiva, pareciera que el joven europeo siente que tiene una culpa por la pobreza en otras partes del mundo y el hecho de hacer turismo de la pobreza lo hace sentir redimido de dicha culpa.


Antonio Escohotado en Los Enemigos del Comercio I, menciona lo siguiente:

“La idea del paraíso no es separable de que la vida práctica pueda parecer un infierno, y creer en ella ha demostrado ser una demanda lo bastante elástica como para que la caída pueda atribuirse unas veces a ley divina y otras a la ley humana. En ambos casos una angustia difusa y concretada sostiene el anhelo de otra realidad, cuya aparición solo exige una sincera renuncia a la efectiva. […].

No hay por ello exageración o sarcasmo al afirmar que -tanto en sus formas clericales como ateas- la causa comunista percibe en el presente la maldición derivada de cierto error original específico, que una vez subsanado erradicará en todo o en buena parte la inhospitalidad del medio físico. Para alcanzar esa meta hay un procedimiento común, que consiste en fundir descontentos heterogéneos: <<Bienaventurados los pobres de espíritu, los humildes y afligidos>> (Mateo 5:3-5 y Lucas 6:20-23)”

De nada parece valer, los millones de africanos y latinoamericanos que hoy viven en Europa, muestra irrefutable de lo que en economía se llama “preferencia manifiesta”. La gente no quiere vivir en la pobreza.

Y es que el capitalismo tiene peor consideración y no por casualidad, en los países que precisamente disfrutan de la riqueza generada por dicho sistema. El socialismo en cambio es mejor visto por aquellos que nunca lo han padecido.

Ignora el europeo burgués, cabe destacar que todos los que he mencionado en mis ejemplos son burgueses, es decir, de ciudad, que en un rancho (o chabola como dicen en España) bien sea en Brasil, en Venezuela, en Guatemala o El Salvador, literalmente no sabes cuantas horas al día de agua potable tendrás, no sabes si cuando la policía entra a buscar a los delincuentes te matarán un familiar por “error”. No saben los europeos, que tienes que cargar con la bombona de gas hasta la calle real y vuelta de nuevo a al rancho caminando porque los camiones no tienen acceso a la montaña. Porque una cosa es ser turista de la pobreza y otra es vivir en ella.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Nube Roja

Los Estados de Dakota del Norte y Dakota del Sur de Estados Unidos tienen muchas cosas en común, evidentemente su nombre y su localización geográfica, además si los mira en el mapa ambos tienen forma de un cuadrado casi perfecto, ambos son atravesados por el rio Misuri y además cada uno posee parte del territorio de “Standing Rock”. Standing rock es la reserva india que da hogar a tres tribus, una de ellas es Los Siux, los mismos de Toro Sentado.

Esta semana, el clima nublado desde hace años en Venezuela, nos dice que seguirá igual. ¡La MUD, de nuevo, desmovilizó a la gente; dos veces! Primero llamando a marchar “para dentro de una semana”, es decir, para el 3 de noviembre. Luego, tres días antes, cancelando la marcha “a petición de la Iglesia Católica” y a cambio de la liberación de 6* presos políticos (tómese en consideración que en las protestas de octubre se detuvieron y encarcelaron por lo menos 35* personas).

Así pues, la nube roja seguirá lloviendo sobre Venezuela, empapándola de socialismo. Porque los políticos tanto de la MUD como del PSUV, prometen y prometen. El problema no es que prometan, el problema es que la gente les cree y los sigue.

A razón de esta reflexión me viene a la memoria una cita: “Nos prometieron muchas cosas. Tantas que no recuerdo. Pero una sí cumplieron: quitarnos la tierra”. Esa frase la dijo otro gran líder Sioux, llamado Nube Roja.



*Los números varían dependiendo de la fuente, pero lo importante es la proporcionalidad

martes, 25 de octubre de 2016

Burgueses materiales, socialistas culturales


Responde Fernando Díaz Villanueva a la pregunta ¿Por qué defiendes el liberalismo? Con la siguiente frase “porque nací pobre”.

Efectivamente, en los últimos tres años desde que emigre de España, he vivido en Irlanda y en Grecia; y si clasifico a las personas con quienes más he tratado temas económicos y políticos por su nacionalidad, los españoles llevan una gran ventaja. Uno de los rasgos que se repite con más frecuencia, es su mentalidad anticapitalista y su anhelo de aumentar el control político sobre la economía, es decir, anhelo de socialismo.  

Jóvenes de entre 20 y 25 años que jamás han pisado una fábrica y jamás han trabajado en un día más de diez horas, me hablan de la “teoría de la explotación”; chicas que nunca han padecido una Ley que las discrimine por ser mujeres me hablan del “Estado Patriarcal”; gente a la que nunca en su vida le ha faltado agua potable, electricidad, educación y salud públicas (es decir, pagada por otro), comida o vestido me hablan de pobreza.

Mis compatriotas burgueses hablan como vanguardia proletaria, porque “hay que buscar la igualdad” o porque “hay que ser solidario”. Hoy, como a lo largo de la historia, el socialismo no viene del “pueblo”, eso que eufemísticamente los políticos llaman los humildes o desfavorecidos, como siempre, el socialismo viene desde niños ricos que quieren que toda la sociedad viva como ellos viven, y quieren obligar a los demás a vivir así por la fuerza, en este caso, la fuerza del Estado.

La hegemonía cultural

Desde Robert Owen pasando por Friederich Engel y Karl Marx, siguiendo por dictadores como Pol Pot quien estudió en Francia antes de tomar el poder en Camboya, terminando en Pablo Iglesias el espíritu del socialismo se incuba en las universidades de la burguesía

Se enseña que todos tenemos derecho a: una vivienda digna, no cualquier vivienda, sino una digna; tenemos derecho a la educación, a la salud, a pensiones (dignas también claro está), a un trabajo, adivine como… digno, por supuesto y evidentemente a una “ayuda” cuando este desempleado. Pero lo que no se enseña es que para que el Estado provea tanta dignidad, debe primero expropiar la riqueza producida por la sociedad civil para luego repartirla como al político de turno le venga en gana.

No solo las universidades forman esta opinión generalizada, sino que los medios de comunicación se suman al “consenso socialdemócrata” como lo llama Almudena Negro. Nadie desde los medios de comunicación plantea privatizar las escuelas o las universidades, nadie plantea hacer lo propio con los hospitales, nadie plantea la eliminación del salario mínimo, mucho menos la eliminación del subsidio de desempleo.

Solamente existen dos tipos de socialistas felices, aquellos que forman parte del gobierno y aquellos que no viven en un país socialista. Ambos grupos han logrado a través del uso del sistema educativo secuestrado por el Estado, mediante la estrategia de la repetición, que el mensaje de sumisión al Estado se instale y reproduzca como cáncer en metástasis por toda la sociedad civil, alcanzando la hegemonía cultural.

Por eso, estos burgueses “materiales” como diría Marx, son socialistas culturales.




viernes, 5 de agosto de 2016

El juicio que nos debe la historia


Después de la caída del muro de Berlín y sobre todo de la extinción de la URSS, aparecieron una serie de intelectuales a bramar el fracaso del comunismo y por consiguiente, el triunfo de la democracia liberal. Uno de esos intelectuales fue Francis Fukuyama con su libro  El fin de la Historia y el último hombre de 1992.

Según Fukuyama,  la historia humana es una lucha entre ideologías, la caída del muro representa la finalización de esa lucha. Demuestra que la única opción viable es el liberalismo democrático, constituyendo así, el llamado “pensamiento único”, que tanto mencionaba el Expresidente de Venezuela Hugo Chávez, que postula que las ideologías ya no son necesarias ya que estas han sido sustituidas por la Economía.  Se inicia entonces la era de la supremacía de la economía de libre mercado  (y la política respectiva que impide su curso) y el futuro de la humanidad vendría dado por los avances científico-tecnológicos.

Así, el Comunismo/socialismo había perdido empíricamente, este parecía ser el último de su largo historial de fracasos. Pero a diferencia de los Nazis que habían tenido su juicio ante la historia, casi medio siglo antes, El Comunismo nunca tuvo el suyo. Es por esto (porque los nazis fueron quienes perdieron la guerra) que es imposible a día de hoy que alguien lleve puesta una camisa con la cara de Mussolini o una gorra con la esvástica; pero si puede verlos portando  camisas con la cara del Che Guevara, Lenin o Stalin o bien con una gorra que muestre la Hoz y el martillo. Todo esto, a pesar de que el Nazismo mató un número de entre 11 y 15 millones de personas; y sin embargo el Comunismo mató 100 millones.

Desde la tesis de Fukuyama han transcurrido 24 años y el citado economista no contaba con la inteligencia de la izquierda para adaptarse a los nuevos tiempos. La extinción de la URSS, Yugoslavia y todo el comunismo eliminó a su vez la posibilidad de rechazo por asociación para que una Nueva Izquierda (para utilizar nomenclatura de Agustín Laje y Nicolás Márquez) cabalgue a sus anchas por todo occidente.

Recuerdo que en la década de los 80s cuando estaba muy en auge la persecución a narcotraficantes colombianos y mexicanos, que varios de estos se sometían a cirugía estética para transformar su rostro y así evadir a la justicia. La izquierda (desarmada desde el punto de vista económico), socialistas de toda la vida, han hecho lo mismo, y ahora defiende causas que la izquierda tradicional despreciaban, han tomado como bandera la defensa de lo que ellos llaman “minorías”, por ejemplo, “los derechos LGTBI” cuando el Che Guevara, tenia como uno de los grupos preferidos para matar o  enviar a su campo de concentración en Cuba, a los homosexuales. Pero no sólo los LGTBI, también el feminismo, cuando si algo logró el feminismo fue siempre inspirado en ideas liberales desde la ilustración  (claro ese fue el feminismo de primera y segunda ola, ahora lo que tenemos es el de tercera ola, pero eso es tema de otro artículo que ya traté aquí), otra bandera es la del ecologismo, siendo hecho verídico que las peores tragedias ambientales han sido realizadas por el comunismo como Chernóbil y el Mar de Aral.

Más curioso aún es llamarse defensor de las minorías cuando uno de sus rasgos más característicos como ideología de la Nueva Izquierda (y de la vieja también) es la colectivización  de todo ámbito de la vida humana, siendo el individuo la minoría más pequeña, quien no defienda la soberanía y derechos del individuo sobre la masa no puede llamarse defensor de las minorías.

Mientras tanto, otros seguiremos recordando los hechos históricos, identificando al prófugo así se opere el rostro mil veces, porque la nueva izquierda tiene los mismos fines de la antigua. Esperemos celebrar el juicio que nos debe la historia.


jueves, 16 de junio de 2016

Carta abierta a los españoles


La primera vez que pise España, fue en noviembre de 2004. Estuve en Madrid durante una semana y una de las primeras cosas que le dije a mi familia al regresar a Caracas fue “me voy y no regreso”. Así comencé a idear un plan que dio sus frutos en febrero de 2008.

España es un país inmensamente rico culturalmente, su gastronomía, sus fiestas de pueblo, hasta hablan diferentes idiomas por ciudad. Toda una delicia para cualquier amante de la sociología. Todo lo que veía en España era buena (salvo excepciones), hasta que comencé a enterarme de la política. Cosa que me fue inevitable ya que llegue justo en el estallido de la crisis subprime, además de las discusiones sobre la situación venezolana con mis compañeros venezolanos que habían llegado a España de la misma forma que yo (traídos por una empresa española).
Empecé a familiarizarme con cosas como los ERE de Andalucía, el despilfarro del Plan E, los aeropuertos sin aviones y las autopistas sin carros (coches, se dice en España). Luego vinieron las tarjetas black, los Barcenas, los Puyol, la trama gurtel, en fin, la corrupción generalizada, la inmoralidad como práctica política, el uso del Estado como agencia de colocación de los amigos del Partido y pare usted de contar.

Según la vox populi, España estaba “rota”, se fueron inventando conceptos como “niños que no pueden comer”, cuando España tiene un problema de obesidad infantil, o “la gente no puede pagar la luz y las eléctricas se están llenando”, cuando el recibo de electricidad tiene más de la mitad de su precio en impuestos.

La opinión pública era cada vez más negativa: el derrotismo en la población, el amarillismo de los medios de comunicación, lo que yo llamaría “el país de discurso”, no era el mismo país que yo veía, obvio, viniendo de Venezuela, cualquier país medianamente normal es un paraíso. Lo cierto es que poco a poco España se me parecía cada vez más a mí país natal 20 años antes. En definitiva, se formó lo que en Venezuela conocimos como “la antipolítica”, es decir, la aversión a los políticos.

Mientras tanto, el desempleo crecía a índices históricos (luego se encargaría el rajoyato de hacer que los impuestos crecieran en la misma forma). Recuerdo especialmente un hito que fue el que me reafirmo la idea de “España es hoy, la Venezuela de los 90s”, y fue el rescate a la banca. Ya que en Venezuela se hizo lo mismo en 1994.
Por todo lo anterior, entiendo la frustración y rabia que debes sentir como español trabajador y de bien que eres. Qué el país necesita un cambio político, evidente; qué es necesario mejorar la economía, evidente. Que hay mucha gente que la pasa, que la paso y la sigue pasando mal, evidente. Pero aún España sigue siendo un país donde siguen llegando día a día cientos de venezolanos huyendo del socialismo.

Cuando dicen “España no es Venezuela”, yo digo, “no todavía”. La gente no se muere por falta de medicinas, o hace colas para comprar comida, o es asesinada a tiros para robarle el coche, ni mucho menos secuestrada. Esto no es ni de lejos una defensa de PP y PSOE, de hecho, creo que quien vote por PP o PSOE es antipatriótica o masoquista.


Otra frase, muy repetida por mis compatriotas españoles, es “no podemos estar peor”, te equivocas si piensas así. SIEMPRE se puede estar peor. Los agentes del “cambio” se pasaron años trabajando en la edificación del socialismo del XXI implantado hoy en Venezuela, uno de ellos tuvo despacho en el propio palacio de gobierno en Caracas. Algunos han salido en medios del gobierno venezolano. En las concentraciones políticas de venezolanos en España han llegado partidarios de estos agentes con el grito “viva Chávez”. En 1998 no había youtube, el venezolano podría tener eso como excusa, pero tú no podrás.

No funcionó en Bolivia, ni en Argentina, ni en Nicaragua, ni en Brasil. No permitas un intento más, esta vez en España, tu no. Las ideas son las mismas, las motivaciones son las mismas, las consecuencias serán las mismas; evidentemente puede variar la velocidad, pero el destino es el mismo. ¿Quieres ver a los ciudadanos mendigando medicinas a quienes viven en el exterior?, ¿Quieres hacer filas y pelearte por comida? Permíteme cambiar la comparativa para que no me acusen de “fijación con Venezuela”, aunque son otros los que tienen esa fijación, tanta que hasta dinero de ese gobierno han recibido. No ha funcionado en Grecia.

A la hora de decidir el voto, la decisión se divide entre políticos que quieren más poder para el Estado o más poder para los individuos; es decir, más sociedad política o más sociedad civil. La riqueza la debe tener quien la produce, no el gobierno. Tu eres el que debe ser capaz de tener un trabajo u oficio que te permita vivir dignamente y alcanzar tus metas en tu vida, un trabajo u oficio que te permita labrar tu propio destino; no el Estado para que el burócrata de turno te provea una vivienda “porque es un derecho”, o te provea de calefacción gratis. La situación del país es mala y necesitamos un cambio, pero como dije antes, o se quiere más Estado o se quiere más libertad.

Con todo cariño y aprecio de un venezolano que nunca creyó eso de que en Cuba había cartillas de razonamiento, que siempre pensó que el problema no era el Estado sino los políticos de turno y con solo cambiarlos bastaría. Un venezolano que se burlaba cuando exiliados europeos le hablaban de Mussolini.

Yo creí en el Estado, creí en la promesa de un país más igualitario (eso sí se logró, ahora son todos bastante iguales de pobres). Yo creí, no lo hagas tú, por favor, tú no.


jueves, 9 de junio de 2016

El PP: Socialismo de derecha.

Este fin de semana en días sucesivos dos amigas españolas se enteraron de que yo comparto su nacionalidad. Inmediatamente enterarse, ambas preguntaron: ¿Por quién vas a votar? Casualmente ambas son potenciales votantes de PODEMOS.
Quien conoce mis ideas políticas sabrá que yo no voto. Y mucho menos en países donde no hay democracia como es el caso de España. Así que me permito cambiar la pregunta a “¿si tu votaras, por quién lo harías?”.

Comenzaré con este, una serie de artículos, dedicados a cada partido político.

El PP: Socialismo de derecha.

El PP, es lo que el español medio llama “de derechas”, otros incluso lo llaman “liberal”. Esta denominación obedece más a acontecimientos históricos y/o prejuicios ideológicos que a la realidad fáctica.

Si vamos al discurso, encontramos que en el XVI Congreso del partido en el 2008, Mariano Rajoy invito a los conservadores y los liberales a irse a los partidos respectivos con esa ideología. Es decir, explícitamente, en un congreso nacional, el Presidente del partido ha dicho que liberales y conservadores se fueran como puede verse en este video (min 1:03).

Pero como a todo político no se le puede creer lo que dice, vamos a la práctica. La legislatura de Mariano Rajoy ha sido la de mayor subida de impuestos en la historia española. Desafortunadamente, no solo la política fiscal ha sido objeto del socialismo del PP; sino todo el modelo político y social.

Va en contra del liberalismo el rescate de entidades financieras con dinero estatal. No hay nada de liberal en aumentar el gasto público, ni en aumentar la deuda. En definitiva, el PP incumplió descaradamente su programa electoral y esto lo hizo el PP con mayoría absoluta en el Congreso.

En el año 2011 cuando el PP ganó la mayoría absoluta, se le hizo para solventar principalmente dos problemas: El desempleo y la corrupción generalizada. Ninguno de los dos los solucionó, por lo menos de forma apreciable. Más bien lo que hicieron fue mantener el tinglado político absurdo de despilfarro, mamandurrias y agencia de colocación que es el Estado.

Volviendo a las ideologías, la derecha y la izquierda, o como me gusta decir a mí, el liberalismo y el estatismo, se diferencian principalmente porque el primero se afinca más en la iniciativa privada y el emprendimiento que en el Estado y los planes gubernamentales como el Plan E de Zapatero.

Por lo cual, tanto en discurso como en acción, que quede claro, que el PP no es liberal.  Pero si la gente sigue queriendo llamarlo de derecha, pues será Socialista de derecha.

 Resumiendo, un partido que incumple su programa, que no resuelve los problemas para los que se les voto, y con ideología de izquierda, no recibirá mi voto.




sábado, 9 de abril de 2016

Acerca de los linchamientos en Venezuela

Según F. Oppenheimer, El Estado "es la institución social impuesta por el grupo victorioso al derrotado, con el propósito de regular su dominio y de agruparse contra la rebelión interna y los ataques del exterior." Por su parte, Max Weber define al Estado como “la coacción legítima y específica. Es la fuerza bruta legitimada como "última ratio", que mantiene el monopolio de la violencia.”. En definitiva, El Estado es la organización que ostenta el monopolio de la violencia legal en un territorio. Su característica distintiva de otras organizaciones es que puede obligar a los ciudadanos residentes de dicho territorio a pagar por los servicios/productos que él ofrezca.

Así, mediante el uso de la fuerza o la amenaza, El Estado obliga a pagar por servicios como “salud”, “educación”, o “pensiones”; así el ciudadano no quiera el servicio o no lo utilice. Lo anterior, es la característica principal del Estado ya que ninguna empresa u organización puede obligarme a pagar por sus productos, nadie admitiría como legítimo que Apple nos obligara con funcionarios policiales de la propia Apple a pagar impuestos mensualmente para que sigan fabricando iPhones, independientemente de que tengamos o no ese producto. Es el mismo comportamiento de la mafia.


¿Para qué queremos un Estado?

Si el Estado ostenta el monopolio de la violencia, la pregunta que me surge es. ¿Para qué queremos al Estado? Una respuesta intuitiva sería: para resolver los conflictos donde solo el uso de la violencia es el medio para llegar a la solución, por ejemplo, la violación de derechos: el robo, el asesinato, el fraude, la agresión. Todos los anteriores son delitos estipulados en cualquier código civil y su castigo por parte del Estado es lo que muchos llaman “justicia”.

Establezcamos entonces que el único ente en una sociedad con Estado, que puede ejercer violencia sobre otros es el Estado, si lo hace un ciudadano, el Estado está en la obligación de castigarlo. Para ello, el Estado debe establecer mecanismos para encargarse de impartir los servicios de Justicia, Defensa territorial (Fuerzas Armadas) y defensa de derechos ciudadanos (Fuerzas policiales). Decía Adam Smith en la Riqueza de las naciones lo siguiente: 
“de acuerdo con el sistema de libertad natural, el gobernante de un Estado, solo tiene tres tipos de asuntos que atender, […]: Primero, la tarea de proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades. Segundo, la tarea de proteger a todo miembro de la sociedad de la injusticia o la opresión de todos los demás miembros de la misma. Tercero, la tarea de construir y mantener ciertas obras e instituciones públicas que ningún individuo o grupo de individuos tendría interés en construir y mantener porque su rentabilidad nunca le permitiría recuperar la inversión”

Así pues, las funciones naturales del Estado, serían Seguridad y Justicia. Añadiendo aquellas que soportan el funcionamiento del Estado como La política exterior y las infraestructuras funcionales.

El Estado expandido

Evidentemente, no hay ningún país con un Estado limitado a las funciones que acabo de enumerar, en ese sentido todo país tiene un “Estado expandido”, entendiéndolo como aquel Estado que se encarga de más funciones que las funciones naturales.

¿Pero qué consecuencias trae la expansión del Estado? Es decir, ¿qué importancia tiene si el Estado se encarga de más o menos cosas de las que debería? ¿Por qué no dejar que el Estado nos proporcione alimentación, servicio de agua, electricidad, construcción de carreteras, vivienda, educación, pensiones, y tantas otras necesidades sociales?

La expansión del Estado trae consecuencias económicas, políticas y sociales pero las consecuencias económicas de los impuestos están fuera del alcance de este artículo. Por lo tanto, iré directo a las políticas y sociales.

A medida que el Estado se va expandiendo, se va convirtiendo es más ineficiente. Tratando de abarcar más funciones, lo que hace es descuidar sus funciones naturales. Como ya he dicho el Estado es violencia y todo lo que hace, lo hace bajo amenaza de su uso contra los ciudadanos. Así, los ciudadanos van mimetizándose con la concepción de que la solución a los problemas es la violencia.

Por esto, la ciudadanía se va envileciendo cada vez más, porque lo peor  del socialismo no es el empobrecimiento material que causa, eso se arregla con capitalismo en menos de una generación. Lo peor, es la destrucción de las bases morales de la sociedad.

Su expansión funcional, acarrea expansión física, se necesitan más edificios, más funcionarios y por ende más dinero; por lo cual, el caldo de cultivo para la corrupción se va acrecentando, se hace más difícil la fiscalización de la función pública y del dinero público.

Lo anterior, propicia la impunidad, debido a que El Estado se hace incapaz de castigar a sus propios miembros que comenten actos de corrupción. Se dispara la delincuencia, se deterioran los servicios proporcionados por el Estado, a su vez que se deterioran los privados ya que la sociedad civil se descapitaliza porque su dinero es extraído para mantener toda la maquinaria estatal.

Cuando el Estado falla en sus funciones, la sociedad civil trata de inventar mecanismos para suplir las carencias, así cuando hay apagones la gente usa velas, si el servicio de agua potable se interrumpe la población recolecta agua en recipientes, cuando hay inseguridad la gente está más precavida, no utiliza joyas, trata de no salir de noche o llegar temprano a su casa.

Pero si no toman correctivos, la situación sigue empeorando, no hay fondo, siempre se puede estar peor, y es cuando se implantan medidas extremas, en el caso de la delincuencia los linchamientos. No solo quedando allí, si no que ahora la moda es quemar vivos a los presuntos delincuentes.

Entonces como mecanismo de sustitución de las funciones del Estado, los linchamientos no son más que la ilusión de justicia.

El debido proceso como garante de justicia.

El acceso a un proceso judicial que garantice el respeto de las personas es y ha sido uno de los mayores logros de la civilización. El derecho a la defensa, la presunción de inocencia son factores que todo acto de justicia debe poseer. Es evidente que un linchamiento no es Justo.
Más bien, un linchamiento, además de no persuadir a los delincuentes más peligrosos de la sociedad, pues esos tienen armas de fuego y además no se exponen a situaciones donde pueden ser apresados por multitudes, propicia la violencia, la tortura y socava las bases morales de la civilización.

Un argumento para linchar es “si el Estado no hace nada, nosotros tenemos que castigar a los delincuentes”. El problema con este argumento es que, si eso es así, le estamos dando el argumento al presunto delincuente para que diga “”si el Estado no me defiende de la gente yo tengo el derecho para hacerlo” y así todos se creerán con la potestad de impartir lo que cada uno crea que es justicia en cada momento.

Es responsabilidad de todos los que queremos vivir en un mundo civilizado, rechazar las ideas y actos equivocados. Recuerdo las palabras del capitán John H. Miller (Tom Hanks) en la película Rescatando al soldado Ryan cuando uno de sus subalternos le pregunta porque deja libre a un prisionero en vez de matarlo “porque con cada hombre que mato, me siento más lejos de casa”.




lunes, 15 de febrero de 2016

El éxito de las ideas socialistas^

^´Este es la traducción del punto 1 de la Introducción del libro "Socialismo" de Ludwing von Mises

El socialismo, es el lema y la moda de nuestros días. La idea socialista domina el espíritu moderno. Las masas lo aprueban. Expresa los pensamientos y sentimientos de todos; e imprime su estilo a nuestra época. Cuando la historia le ponga nombre a nuestra época, la describirá como "La Era del Socialismo".*

Sin duda no está aún acabada la edificación del Estado socialista en la forma en que respondería al ideal socialista, pero desde hace más de una generación la política de los pueblos civilizados sólo tiene como fin la realización progresiva del socialismo. Durante estos últimos años la política de socialización no ha dejado de aumentar el poder de su acción. Ciertos pueblos han emprendido la tarea de poner en práctica, de un solo golpe y hasta sus más extremas consecuencias, el programa socialista. El bolchevismo ruso ha realizado a nuestra vista una obra cuya significación puede discutirse, pero que, aunque no fuese por otra razón sino por su propósito grandioso, se contará entre los acontecimientos más notables que haya registrado la historia. En otras partes no se ha ido tan lejos. En los demás pueblos, la ejecución de los planes socialistas se ha visto entorpecida únicamente por las contradicciones internas del socialismo y por la imposibilidad de su realización. Pero en ellos también se ha tratado de hacerla progresar tanto como las circunstancias lo han permitido. En ninguna parte encuentra el socialismo oposición de principio. Ningún partido influyente se declara expresamente en nuestros días defensor de la propiedad privada de los medios de producción. En la época actual, la palabra «capitalismo» ha tomado un sentido claramente peyorativo, y aun los adversarios del socialismo no escapan al influjo de las ideas de éste. Tómense, por ejemplo, los partidos que se llaman «burgués» o «campesino». Creen combatir al socialismo en nombre de los intereses particulares de su clase y reconocen así, indirectamente, el acierto de las partes esenciales de la concepción socialista. Porque es reconocer esta última implícitamente el mero hecho de oponer a su programa el argumento de que lesiona los intereses de una fracción de la humanidad. Reprochar a la organización económica y social que se funda en la propiedad privada de los medios de producción que no tiene en cuenta suficientemente los intereses de la comunidad, que favorece sólo a ciertas capas sociales, que entorpece la productividad y, por esta razón, exigir junto con los partidarios de las diversas tendencias de «política social» y de «reformismo social» la intervención del Estado en todas las esferas de la economía, ¿qué es todo ello sino una adhesión en principio al programa socialista? Y si se objeta al socialismo que por el momento es todavía impracticable, en vista de la imperfección de la naturaleza humana, o que dada la situación económica existente es inoportuno ponerlo ya en práctica, esto equivale también a un reconocimiento de las ideas socialistas. El mismo nacionalismo no niega el socialismo, y solamente le reprocha su carácter de «internacional». El nacionalista quiere combinar el socialismo con las ideas de imperialismo y de lucha contra los pueblos extranjeros. No es socialista internacional, sino socialista nacional. En realidad, el nacionalista es también un adepto del socialismo.**

Los defensores del socialismo no son únicamente los bolcheviques y sus amigos fuera de Rusia, ni los partidarios de cualquiera de las numerosas variedades de esta doctrina. Todos los que consideran que el régimen socialista es superior, económica y moralmente, al sistema que se funda en la propiedad privada de los medios de producción deben ser clasificados entre el número de los socialistas, aunque por razones temporales o permanentes busquen una transacción entre sus ideas socialistas y ciertos intereses o aspiraciones particulares, de los cuales se creen representantes. Si el término socialista se toma en su sentido amplio, se reconocerá sin dificultad que hoy día la mayor parte de las personas se colocan en favor del socialismo. Pocos se declaran partidarios de los principios del liberalismo (en el sentido decimononico y europeo continental del término), que ve en el régimen basado en la propiedad privada de los medios de producción la única forma posible de la economía nacional.

Se ha creado la costumbre de llamar socialista únicamente a la política que trata de realizar inmediata y completamente el programa socialista, y se niega este nombre a los partidarios de las tendencias que desean lograr igual fin, pero con mesura y por etapas. Se va tan lejos en esta materia, que se considera enemigos del socialismo a quienes intentan ponerlo en práctica con ciertas restricciones. Nada mejor que estos hechos podría probar la extensión del éxito de las ideas socialistas. Esta acepción de la palabra ha podido aclimatarse porque ya no hay verdaderos adversarios del socialismo, por decirlo así. Incluso en Inglaterra, patria del liberalismo, que gracias a su política liberal ha crecido y se ha enriquecido, se ignora en nuestros días en qué consiste exactamente el liberalismo. Los «liberales» ingleses de hoy son socialistas más o menos moderados.*** Alemania jamás ha tenido una época realmente liberal y se ha debilitado y empobrecido a causa de su política antiliberal; actualmente se encontraría apenas una vaga noción en ese país de lo que es verdaderamente el liberalismo.

La pujanza del bolchevismo se apoya en el clamoroso éxito que han tenido las ideas socialistas durante las últimas tres décadas. No son los cañones ni las ametralladoras de los soviets lo que da fuerza al bolchevismo, sino el hecho de que sus ideas se acepten con simpatía en el mundo entero. Muchos socialistas consideran prematura la empresa bolchevique y piensan que sólo el porvenir podrá realizar el socialismo. Sin embargo, ninguno de ellos escapa a la influencia de las fórmulas por medio de las cuales la Tercera Internacional hace un llamamiento a todos los pueblos para luchar contra el capitalismo. En toda la faz de la tierra el bolchevismo hace latir los corazones. Entre los débiles y los tibios encuentra esa simpatía, mezcla de temor y admiración, que un apóstol valeroso despierta en el espíritu de los oportunistas. Los hombres audaces y los que tienen firmeza de ideas no se ruborizan de saludar en él la aurora de una nueva era.



* «Con razón puede afirmarse que la filosofía socialista actual no es otra cosa que el reconocimiento consciente y categórico de principios sociales, con la mayoría de los cuales se conformaban ya todos inconscientemente. La historia económica de este siglo es una enumeración casi ininterrumpida de los progresos del socialismo.» Sidney Webb, Fabian Essays[1889], p. 30.

**  Fr.W. Foerster hace notar que el movimiento obrero ha festejado su verdadero triunfo «en el corazón de las clases poseedoras», y es «lo que quita a esas clases la fuerza moral necesaria para resistir». Véase Foerster, Christentum und Klassenkampf (Zurich, 1908), pp. 111 ss. Ya en 1869, Prince-Smith constataba que las ideas socialistas habían hallado también partidarios entre los jefes de empresa. Escribe que entre los hombres de negocios, por extraño que esto parezca, los hay que tienen una opinión tan confusa de su propia acción dentro de la economía nacional, que aceptan como más o menos fundadas las concepciones socialistas. No se dan cuenta de lo que milita en contra de ellas. No tienen la conciencia tranquila, como si se viesen obligados a confesar que sus ganancias se realizan en detrimento de sus obreros. De ahí que sus vacilaciones y sus dificultades crezcan, y esto es lo peor. Nuestra civilización económica estaría singularmente amenazada si sus más autorizados representantes no sacaran ya del sentimiento de su perfecto derecho el valor necesario para defender las bases de ella con la más firme energía. Véase Prince-Smith, Obras completas, tomo I (Berlín, 1877), p. 362. Prince-Smith no era, en verdad, persona que pudiera discutir en forma crítica las teorías socialistas.

***  El programa oficial de los liberales ingleses lo demuestra claramente. Véase Britain’s Industrial Future, being the Report of the Liberal lndustrial Inquiry (Londres, 1928).