miércoles, 29 de marzo de 2017

What is libertarianism? by Jason Brennan


Libertarianism is a political philosophy. Libertarians believe respect for individual liberty is the central requirement of justice. They believe human relationships should be based on mutual consent. Libertarians advocate a free society of cooperation, tolerance, and mutual respect.

Libertarianism holds that we should each be permitted to choose how our lives will go, so long as we do not violate others’ rights.  We do not have to get society’s permission to go about our lives. We are not required to answer to or justify ourselves to others. We may not be forced to serve strangers. We may not even  be forced to serve ourselves – no one may force us to promote our own good. Libertarians possesses an inviolability, founded on justice, that forbids others from sacrificing us for the shake of greater so0cial stability, economic efficiency, or better culture. Over our own lives, each of us is sovereign. We are not to be treated like slaves, servants, or helpless children.

Libertarianism is not the most popular political philosophy in the United States. Yet, it derives from commonsense moral thinking. Most Americans  agree, in the abstract, that we should be free to do as we please, provided we do not hurt others or violate their rights. Most agree that human relationships should be voluntary. For example, most agree that it would be wrong for me to force you to join my church or book club. Most agree that we should nor sacrifice individual people “for the greater good.” Most agree it is wrong to force another adult to do something “for her own good.”

However, most people think there are many exceptions to these commonsense principles. Libertarians do not. For instance, conservatives want the government to forbid people from exchanging sex for money. Libertarians do not. Many left-liberals want the government to forbid people from hiring undocumented immigrants as nannies. Libertarians do not. Marxists want the government to forbid individuals from owning factories. Libertarians do not.

Libertarians say that if we take seriously the idea that human relationships should be voluntary, then the role of government must be greatly constrained. Many things governments do, and that people want governments to do, cannot be done without treating our neighbors like slaves, servants, or helpless children.  From the libertarian standpoint, those who hold other political ideologies, including left-liberals, conservatives, Marxists, fascist, and social democrats, all agree that we should sometimes treat our neighbors like slaves, servants, or children. They just disagree about how and when.

Libertarians tend to distrust government. In part, this is because they believe government are often incompetent. Society and market are like ecosystems, and like ecosystems, they are impossible to manage without producing unintended consequences. Governments thus end to make problems worse, not better. Libertarians also worry that the promise of power tends to attract those who want to exploit others at least as often as it attracts those who want to help.

Libertarianism is not a uniform philosophy, but rather a family of related philosophies. There is a lot of diversity inside libertarian thought, just as there is diversity inside most other political philosophies. Libertarians share a common core of principles. They sometimes disagree on how to understand these principles. They may think there are some exceptions to these principles, or they may not.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Las Aventuras de Juan Planchard

La novela escrita por Jonathan Jakubowickz es una verdadera obra de arte. Tiene todo lo un lector puede esperar de una novela contemporánea: hechos históricos, romance, sexo, diversión, humor, acción, intriga, y hasta suspenso.

A medida que avanza la novela, van apareciendo personajes de la vida real mezclados con ficticios, a los de la vida real se le cambian los nombres. Jakubowickz se vale de una historia de amor para contarnos la realidad venezolana protagonizada por lo que en Venezuela conocemos como un ”bolichico”.  Y es que Juan Planchard es un joven de 29 años hijo de profesores de clase media que salieron de la pobreza con dedicación y esfuerzo, un matrimonio de esa clase media que represento un ejemplo de ascenso social en el país que una vez Venezuela fue.

Juan Planchard es idealista, analfabeta histórico y político, pero idealista. Y en algún momento cuando “se cansó de pelar bola” comprendió que tenía que adaptarse a las reglas del juego. Es decir, dejo de lado la ética, y se puso a hacer negocios de la mano del Estado.

El autor utiliza, las circunstancias y vivencias de Juan para describir a Venezuela sociológicamente, narrar su historia política contemporánea y su actualidad. Se describen con crudeza y simplicidad como se hacen los negocios en el Estado, la vida que llevan los funcionarios, se describen los procedimientos policiales y militares y toda la corrupción que hay en ellos.

Como la novela es narrada en primera persona, el lenguaje utilizado es muy sencillo y coloquial, tanto que debe ser difícil para alguien no venezolano, entender muchas partes de la novela. En cambio para un nativo (más si es caraqueño como yo) la narrativa se encontrará muy fresca, la novela nunca aburre, nunca es previsible.

En ese sentido, el final me pareció de lo más inesperado. Una novela sencillamente recomendable, que a pesar de narrar la vida tan dura que se vive en Venezuela, realidades que un europeo no comprendería, te saca más de una sonrisa y una risa a lo largo de la lectura.

Recomiendo encarecidamente a todo venezolano mayor de 30 años, la lectura de Las Aventuras de Juan Planchard.


lunes, 19 de diciembre de 2016

LA FABELA COMO REDENCIÓN



Otro amigo europeo, esta vez irlandés muestra una foto de su viaje a Brasil, y no muestra una foto en Copacabana, o en una playa de Rio o en el Sambodromo, sino que como fondo de la foto tiene un barrio (Fabela, le dicen en Brasil) y nos da esta recomendación: “Surreal experience in the Rocinha favela. Would highly recommend Favela Adventures for a true and authentic guide.”.  No es el primero.

Hace algunos años cuando vivía en España, conocí a una chica española, la cual se fue a África, específicamente a Mali. Mostrando fotos de su viaje, se veía un pueblo (por llamarlo de alguna manera) donde las calles eran de tierra, y ella estaba sonriente, así como sus anfitrionas amigas africanas lavando la ropa a mano.

En 2009, conocí a un grupo de 4 alemanas de unos 20 años de edad, en una discoteca de salsa de Madrid, hablaban en castellano con un acento rarísimo, tan raro que les dije, “miren mejor hablamos en inglés porque casi no les entiendo en español”, habían vivido en una isla de Chile y allí habían aprendido. Una de las cosas que me dijeron fue “tenían sólo una hoya para cocinar y sin embargo eran gente tan feliz”.  Par de años después, un compañero de trabajo se fue de vacaciones a La Habana, “cumpliendo un sueño” según él. Hace tres años conocí a una española aquí en Dublín, que se iba a vivir (y se fue) a un pueblo cuyo nombre no recuerdo, pero está en la frontera entre Argentina y Chile, cuando le pregunte por que se iba para ese monte, su respuesta no pudo ser más sincera “siento que ayudo más, estando allá”.

En definitiva, pareciera que el joven europeo siente que tiene una culpa por la pobreza en otras partes del mundo y el hecho de hacer turismo de la pobreza lo hace sentir redimido de dicha culpa.


Antonio Escohotado en Los Enemigos del Comercio I, menciona lo siguiente:

“La idea del paraíso no es separable de que la vida práctica pueda parecer un infierno, y creer en ella ha demostrado ser una demanda lo bastante elástica como para que la caída pueda atribuirse unas veces a ley divina y otras a la ley humana. En ambos casos una angustia difusa y concretada sostiene el anhelo de otra realidad, cuya aparición solo exige una sincera renuncia a la efectiva. […].

No hay por ello exageración o sarcasmo al afirmar que -tanto en sus formas clericales como ateas- la causa comunista percibe en el presente la maldición derivada de cierto error original específico, que una vez subsanado erradicará en todo o en buena parte la inhospitalidad del medio físico. Para alcanzar esa meta hay un procedimiento común, que consiste en fundir descontentos heterogéneos: <<Bienaventurados los pobres de espíritu, los humildes y afligidos>> (Mateo 5:3-5 y Lucas 6:20-23)”

De nada parece valer, los millones de africanos y latinoamericanos que hoy viven en Europa, muestra irrefutable de lo que en economía se llama “preferencia manifiesta”. La gente no quiere vivir en la pobreza.

Y es que el capitalismo tiene peor consideración y no por casualidad, en los países que precisamente disfrutan de la riqueza generada por dicho sistema. El socialismo en cambio es mejor visto por aquellos que nunca lo han padecido.

Ignora el europeo burgués, cabe destacar que todos los que he mencionado en mis ejemplos son burgueses, es decir, de ciudad, que en un rancho (o chabola como dicen en España) bien sea en Brasil, en Venezuela, en Guatemala o El Salvador, literalmente no sabes cuantas horas al día de agua potable tendrás, no sabes si cuando la policía entra a buscar a los delincuentes te matarán un familiar por “error”. No saben los europeos, que tienes que cargar con la bombona de gas hasta la calle real y vuelta de nuevo a al rancho caminando porque los camiones no tienen acceso a la montaña. Porque una cosa es ser turista de la pobreza y otra es vivir en ella.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Nube Roja

Los Estados de Dakota del Norte y Dakota del Sur de Estados Unidos tienen muchas cosas en común, evidentemente su nombre y su localización geográfica, además si los mira en el mapa ambos tienen forma de un cuadrado casi perfecto, ambos son atravesados por el rio Misuri y además cada uno posee parte del territorio de “Standing Rock”. Standing rock es la reserva india que da hogar a tres tribus, una de ellas es Los Siux, los mismos de Toro Sentado.

Esta semana, el clima nublado desde hace años en Venezuela, nos dice que seguirá igual. ¡La MUD, de nuevo, desmovilizó a la gente; dos veces! Primero llamando a marchar “para dentro de una semana”, es decir, para el 3 de noviembre. Luego, tres días antes, cancelando la marcha “a petición de la Iglesia Católica” y a cambio de la liberación de 6* presos políticos (tómese en consideración que en las protestas de octubre se detuvieron y encarcelaron por lo menos 35* personas).

Así pues, la nube roja seguirá lloviendo sobre Venezuela, empapándola de socialismo. Porque los políticos tanto de la MUD como del PSUV, prometen y prometen. El problema no es que prometan, el problema es que la gente les cree y los sigue.

A razón de esta reflexión me viene a la memoria una cita: “Nos prometieron muchas cosas. Tantas que no recuerdo. Pero una sí cumplieron: quitarnos la tierra”. Esa frase la dijo otro gran líder Sioux, llamado Nube Roja.



*Los números varían dependiendo de la fuente, pero lo importante es la proporcionalidad

martes, 25 de octubre de 2016

Burgueses materiales, socialistas culturales


Responde Fernando Díaz Villanueva a la pregunta ¿Por qué defiendes el liberalismo? Con la siguiente frase “porque nací pobre”.

Efectivamente, en los últimos tres años desde que emigre de España, he vivido en Irlanda y en Grecia; y si clasifico a las personas con quienes más he tratado temas económicos y políticos por su nacionalidad, los españoles llevan una gran ventaja. Uno de los rasgos que se repite con más frecuencia, es su mentalidad anticapitalista y su anhelo de aumentar el control político sobre la economía, es decir, anhelo de socialismo.  

Jóvenes de entre 20 y 25 años que jamás han pisado una fábrica y jamás han trabajado en un día más de diez horas, me hablan de la “teoría de la explotación”; chicas que nunca han padecido una Ley que las discrimine por ser mujeres me hablan del “Estado Patriarcal”; gente a la que nunca en su vida le ha faltado agua potable, electricidad, educación y salud públicas (es decir, pagada por otro), comida o vestido me hablan de pobreza.

Mis compatriotas burgueses hablan como vanguardia proletaria, porque “hay que buscar la igualdad” o porque “hay que ser solidario”. Hoy, como a lo largo de la historia, el socialismo no viene del “pueblo”, eso que eufemísticamente los políticos llaman los humildes o desfavorecidos, como siempre, el socialismo viene desde niños ricos que quieren que toda la sociedad viva como ellos viven, y quieren obligar a los demás a vivir así por la fuerza, en este caso, la fuerza del Estado.

La hegemonía cultural

Desde Robert Owen pasando por Friederich Engel y Karl Marx, siguiendo por dictadores como Pol Pot quien estudió en Francia antes de tomar el poder en Camboya, terminando en Pablo Iglesias el espíritu del socialismo se incuba en las universidades de la burguesía

Se enseña que todos tenemos derecho a: una vivienda digna, no cualquier vivienda, sino una digna; tenemos derecho a la educación, a la salud, a pensiones (dignas también claro está), a un trabajo, adivine como… digno, por supuesto y evidentemente a una “ayuda” cuando este desempleado. Pero lo que no se enseña es que para que el Estado provea tanta dignidad, debe primero expropiar la riqueza producida por la sociedad civil para luego repartirla como al político de turno le venga en gana.

No solo las universidades forman esta opinión generalizada, sino que los medios de comunicación se suman al “consenso socialdemócrata” como lo llama Almudena Negro. Nadie desde los medios de comunicación plantea privatizar las escuelas o las universidades, nadie plantea hacer lo propio con los hospitales, nadie plantea la eliminación del salario mínimo, mucho menos la eliminación del subsidio de desempleo.

Solamente existen dos tipos de socialistas felices, aquellos que forman parte del gobierno y aquellos que no viven en un país socialista. Ambos grupos han logrado a través del uso del sistema educativo secuestrado por el Estado, mediante la estrategia de la repetición, que el mensaje de sumisión al Estado se instale y reproduzca como cáncer en metástasis por toda la sociedad civil, alcanzando la hegemonía cultural.

Por eso, estos burgueses “materiales” como diría Marx, son socialistas culturales.




viernes, 5 de agosto de 2016

El juicio que nos debe la historia


Después de la caída del muro de Berlín y sobre todo de la extinción de la URSS, aparecieron una serie de intelectuales a bramar el fracaso del comunismo y por consiguiente, el triunfo de la democracia liberal. Uno de esos intelectuales fue Francis Fukuyama con su libro  El fin de la Historia y el último hombre de 1992.

Según Fukuyama,  la historia humana es una lucha entre ideologías, la caída del muro representa la finalización de esa lucha. Demuestra que la única opción viable es el liberalismo democrático, constituyendo así, el llamado “pensamiento único”, que tanto mencionaba el Expresidente de Venezuela Hugo Chávez, que postula que las ideologías ya no son necesarias ya que estas han sido sustituidas por la Economía.  Se inicia entonces la era de la supremacía de la economía de libre mercado  (y la política respectiva que impide su curso) y el futuro de la humanidad vendría dado por los avances científico-tecnológicos.

Así, el Comunismo/socialismo había perdido empíricamente, este parecía ser el último de su largo historial de fracasos. Pero a diferencia de los Nazis que habían tenido su juicio ante la historia, casi medio siglo antes, El Comunismo nunca tuvo el suyo. Es por esto (porque los nazis fueron quienes perdieron la guerra) que es imposible a día de hoy que alguien lleve puesta una camisa con la cara de Mussolini o una gorra con la esvástica; pero si puede verlos portando  camisas con la cara del Che Guevara, Lenin o Stalin o bien con una gorra que muestre la Hoz y el martillo. Todo esto, a pesar de que el Nazismo mató un número de entre 11 y 15 millones de personas; y sin embargo el Comunismo mató 100 millones.

Desde la tesis de Fukuyama han transcurrido 24 años y el citado economista no contaba con la inteligencia de la izquierda para adaptarse a los nuevos tiempos. La extinción de la URSS, Yugoslavia y todo el comunismo eliminó a su vez la posibilidad de rechazo por asociación para que una Nueva Izquierda (para utilizar nomenclatura de Agustín Laje y Nicolás Márquez) cabalgue a sus anchas por todo occidente.

Recuerdo que en la década de los 80s cuando estaba muy en auge la persecución a narcotraficantes colombianos y mexicanos, que varios de estos se sometían a cirugía estética para transformar su rostro y así evadir a la justicia. La izquierda (desarmada desde el punto de vista económico), socialistas de toda la vida, han hecho lo mismo, y ahora defiende causas que la izquierda tradicional despreciaban, han tomado como bandera la defensa de lo que ellos llaman “minorías”, por ejemplo, “los derechos LGTBI” cuando el Che Guevara, tenia como uno de los grupos preferidos para matar o  enviar a su campo de concentración en Cuba, a los homosexuales. Pero no sólo los LGTBI, también el feminismo, cuando si algo logró el feminismo fue siempre inspirado en ideas liberales desde la ilustración  (claro ese fue el feminismo de primera y segunda ola, ahora lo que tenemos es el de tercera ola, pero eso es tema de otro artículo que ya traté aquí), otra bandera es la del ecologismo, siendo hecho verídico que las peores tragedias ambientales han sido realizadas por el comunismo como Chernóbil y el Mar de Aral.

Más curioso aún es llamarse defensor de las minorías cuando uno de sus rasgos más característicos como ideología de la Nueva Izquierda (y de la vieja también) es la colectivización  de todo ámbito de la vida humana, siendo el individuo la minoría más pequeña, quien no defienda la soberanía y derechos del individuo sobre la masa no puede llamarse defensor de las minorías.

Mientras tanto, otros seguiremos recordando los hechos históricos, identificando al prófugo así se opere el rostro mil veces, porque la nueva izquierda tiene los mismos fines de la antigua. Esperemos celebrar el juicio que nos debe la historia.